Por Ana Falú y soledad pérez, de CISCSA Ciudades Feministas, organización parte de la Articulación Feminista Marcosur – AFM
Recorrer estas décadas es recorrer el tema posiblemente más caro a la vida de las mujeres en su diversidad, de nuestra región y del mundo: las violencias. Un tema que hemos nombrado, denunciado y combatido una y otra vez, y que, sin embargo, sigue alarmándonos por su capacidad de perpetuarse y reinventarse.
Esta publicación, que tiene como autoras a Analba Brazão y Schuma Schumaher, integrantes de SOS CORPO y de REDEH, en Brasil, retoma el legado de la construcción feminista, la que nos ha permitido sacar de lo individual, de la invisibilidad, y colocar en las agendas públicas las violencias de género y, lo que es más decisivo, en la voz de la sociedad, hacerlas cuestión de Estados, pública y colectiva.
Las violencias de género son el ejercicio del poder de un sexo sobre otro, expresión del patriarcado, el sistema de dominación y sometimiento de los cuerpos diversos, de los cuerpos de las mujeres y no solo, también de sus vidas. Como señala Rita Segato (2016), “el patriarcado es un sistema político, la forma de organización política más antigua de la humanidad, que se basa en la apropiación y el control de la capacidad reproductiva, del cuerpo y de la fuerza de trabajo de las mujeres, pero que funciona fundamentalmente a través de un pacto entre pares (varones)”.
Es necesaria la continuidad del trabajo sobre las violencias hacia las mujeres diversas, avanzar en su erradicación, al tiempo de reconocer a quienes nos antecedieron y promovieron “el derecho a una vida sin violencias”, lo que hemos logrado desde conceptualizaciones, desarrollo teórico y una práctica consistente y coherente desde los feminismos que habitamos y sostenemos.
Por lo dicho, nos propusimos desarrollar este análisis y línea del tiempo que busca recoger memorias, estrategias e incidencia feministas. Elegimos como punto de partida la IV Conferencia Mundial de la Mujer, que tuvo lugar en China, Beijing 1995. El proceso hacia la Conferencia de Beijing de las latinoamericanas y caribeñas fue un rico camino en clave de movimiento, en el cual las distintas opresiones fueron incorporadas al debate. Aportes significativos fueron los del feminismo crítico de las teóricas brasileñas, como Lélia Gonzales y Sueli Carneiro, quienes plantearon la necesidad de un abordaje feminista que considere las particularidades de las mujeres negras al cruzar racismo, sexismo y violencias. Así, para esta región latinoamericana, blanca, criolla, indígena, negra, parda, es preciso que se reconozca y considere cómo el racismo opera y construye “dispositivos de racialidad”, al decir de Carneiro, referido a las negras pero extensible a otras subalternidades, construyendo estereotipos descalificadores, que niegan el conocimiento que producen de sus propias experiencias y vivencias, así como las indígenas, la población discapacitada, las identidades sexuales no binarias o las diferencias etarias.
Las invitamos a transitar este recorrido por Latinoamérica y el Caribe que recupera también el contexto del retorno a las democracias en la región en el siglo pasado, y de los trayectos de las feministas en estas décadas, los que posibilitaron e impulsaron los avances en la colocación del tema de las violencias y la interpelación de los mandatos patriarcales.
Las legislaciones son un eje orientador y nos permiten capturar una foto de este viaje: hitos, mojones y logros del accionar feminista regional articulado. Rescatamos así las prácticas politizadas que valoraron las alianzas, aun con tensiones, aprender unas de otras, consolidar avances significativos regionales y transferir estas prácticas y logros a una escala global. En este recorrido, se consiguieron hitos regionales fundamentales, como la concreción de la Convención de Belém do Pará en el marco de la OEA, un instrumento histórico que cristaliza décadas de exigencias. Estos avances son el resultado de alianzas, persistencia y una creatividad capaz de ir más allá de las fronteras de cualquier tipo, instalando consignas poderosas como: ‘Si tocan a una, nos tocan a todas’.
Los Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe (EFLAC) han propiciado, a lo largo de las últimas cuatro décadas, la construcción de la Agenda Feminista Regional, donde la lucha contra las violencias ha sido siempre el eje central. Los faxes, los correos electrónicos y las redes de comunicación han permitido que feministas de territorios diversos y orígenes dispares sostuvieran redes de incidencia desde hace más de treinta años. En este siglo XXI, el acumulado promovió a nuevas actoras políticas que emergieron en la potencia de movimientos masivos, con una voz colectiva propia, como el NiUnaMenos y el NiUnaMás.
En el contexto actual, es preciso agradecer a las instituciones y organizaciones que hacen posible que las feministas podamos retomar estas líneas de tiempo, ponerlas en valor y en público. Esto nos permite significar lo realizado, al tiempo que volvemos a revisar y repensar los desafíos, particularmente frente al avance de conservadurismos que amenazan nuestras agendas y derechos. Nos encontramos en un escenario internacional que prioriza las acciones bélicas y donde se instalan discursos de odio xenófobos, misóginos y homofóbicos, con apenas algunas excepciones honrosas en la región y el mundo.
Hablar hoy de derechos y de violencias se vuelve imperativo ante la incertidumbre y el debilitamiento de las conquistas ganadas. Como bien señala Virginia “Gina” Vargas Valente: “Las puertas siempre están abiertas a los retrocesos”.
La gran paradoja reside en la brecha entre la letra de la ley y la realidad de los estados nacionales. Un ejemplo pionero fue Argentina, que sancionó la Ley 24.417 de Protección contra la Violencia Familiar el 7 de diciembre de 1994, bajo el impulso directo de la adopción de la Convención; sin embargo, hoy se cuestionan los marcos normativos ganados. Esta norma formó parte de las leyes llamadas de “primera generación” de los años 90, caracterizadas por un enfoque ceñido al ámbito familiar o doméstico. En este mapa, fueron pioneras Barbados (1992) con su Domestic Violence Act; Trinidad y Tobago (1991); Chile (1994) con la Ley 19.325 sobre Violencia Intrafamiliar; la citada Ley 24.417 de Argentina (1994) y Costa Rica (1996) con su Ley 7586.
A partir de 2007, la región comenzó a transitar hacia una “segunda generación” de leyes, varias con un enfoque de protección integral, o con incorporación y reconocimiento de actores sociales y la tipificación del femicidio. En esta transición, la Ley Maria da Penha (2006) en Brasil toma el nombre de una víctima de la violencia de género y marca el estándar para sacar la violencia del ámbito privado y convertirla en una responsabilidad del Estado. Este camino fue profundizado luego por México y Venezuela (2007), los primeros en la línea de adoptar modelos de protección integral.
Las feministas venimos cambiando el mundo. Y da cuenta de ello esta línea histórica del avance de nuestro movimiento. No solo denunciamos las violencias, el acoso, el racismo, el abuso de poder, a los medios de comunicación que quieren lavar la cara de las violencias, a la justicia reaccionaria, la misoginia, sino que logramos avanzar en normativas, legislaciones y programas. Si bien nos apoyamos en un trabajo colectivo, en la fuerza del feminismo diverso, multicultural, sabemos que no ha sido suficiente; las violencias persisten, se han complejizado y adquieren nuevas modalidades que demandan nuevas reflexiones y estrategias de acción.
Lo que buscamos con este producto que les entregamos fue recuperar la historia en sus hitos más relevantes, los pasos de lo transitado, las estrategias desarrolladas y las propuestas que los feminismos de la región instalaron en la sociedad y, principalmente, la conciencia del derecho a la no violencia.



