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Memorias que resisten: la agenda lésbica frente a los discursos de odio

En un contexto de crecimiento de los discursos de odio y debilitamiento de las políticas públicas de género y diversidad, las lesbianas organizadas continúan produciendo conocimiento, construyendo memoria y fortaleciendo redes comunitarias. La investigación "Violencia hacia y entre lesbianas: una mirada sobre el impacto de los discursos de odio sobre nuestras identidades y los mecanismos de reproducción en lo vincular", elaborada por Lxs Safinas, reflexiona sobre los avances y retrocesos en materia de derechos y presenta la Agenda Lésbica como una herramienta política para transformar la memoria en acción colectiva.
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Por Lxs Safinas

Durante las últimas décadas, el movimiento lésbico y de la diversidad en su conjunto protagonizó importantes conquistas. En Argentina, la ampliación de derechos impulsada por el Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género y la incorporación de las lesbianas como sujetas de derecho en la reglamentación de la Ley Provincial 13.348 de Santa Fe marcaron un cambio histórico en el reconocimiento institucional de nuestras existencias.

Sin embargo, ningún derecho conquistado está garantizado para siempre. En los últimos años asistimos a un escenario de retrocesos caracterizado por el crecimiento de discursos de odio, el cuestionamiento de las políticas de igualdad y el aumento de distintas formas de violencia contra las personas LGBTIQ+. En ese contexto, la investigación “Violencia hacia y entre lesbianas: una mirada sobre el impacto de los discursos de odio sobre nuestras identidades y los mecanismos de reproducción en lo vincular” propone comprender cómo estos procesos afectan las vidas lésbicas y cuáles son las respuestas construidas desde la organización comunitaria.

El principal aporte consiste en entender que las violencias no son hechos aislados ni exclusivamente individuales. Desde una perspectiva interseccional, se plantea que las existencias lésbicas están atravesadas por múltiples desigualdades donde se articulan patriarcado, heterosexualidad obligatoria, clase social, racismo, capacitismo, edad y territorio. La discriminación no impacta de igual manera sobre todas las lesbianas. Las experiencias de quienes viven en pequeñas localidades, de las lesbianas empobrecidas, de quienes fueron expulsadas de sus hogares o enfrentan precarización laboral muestran que las vulnerabilidades son diversas y requieren respuestas específicas.

Desde esta mirada, los discursos de odio adquieren una dimensión política. No constituyen simples opiniones, sino mecanismos que producen condiciones para legitimar la exclusión y la violencia. Cuando se deslegitiman públicamente las identidades diversas o se debilitan las políticas destinadas a garantizar derechos, esas narrativas encuentran rápidamente expresión en agresiones concretas sobre personas, organizaciones y espacios comunitarios. El ataque al Centro Cultural La Vulvería en Rosario y el triple lesbicidio de Barracas, ocurrido en Buenos Aires en 2024, son apenas dos ejemplos de cómo las palabras pueden transformarse en violencia material.

La investigación no se detiene en la denuncia, y recupera los avances conquistados por el movimiento lésbico argentino. Casos como los de Pepa Gaitán, Higui, Marian Gómez, Pierina Nochetti o las víctimas del triple lesbicidio de Barracas trascendieron las historias individuales para impulsar debates públicos, transformaciones jurídicas y nuevas formas de organización social. Cada una de estas luchas permitió ampliar el reconocimiento de las violencias específicas que afectan a las lesbianas y fortaleció las redes comunitarias de acompañamiento.

Es precisamente de esos recorridos de lucha que surge uno de los principales aportes políticos de Lxs Safinas: la Agenda Lésbica. Lejos de constituir un simple calendario de efemérides, propone una política de la memoria. Cada fecha recuerda una historia de resistencia y la transforma en una herramienta para la educación popular, la construcción de ciudadanía y la defensa de los derechos humanos.

El 7 de marzo recuerda a Pepa Gaitán y la Visibilidad Lésbica. El 6 de mayo convoca a enfrentar los discursos de odio en memoria del triple lesbicidio de Barracas. El 18 de mayo reivindica la autodefensa lésbica inspirada en la lucha de Higui. El 19 de junio celebra la poesía lésbica en memoria de Macky Corbalán. El 1 de agosto reconoce la Memoria y la Resiliencia Lésbica a partir del legado de Alicia Caf. El 13 de septiembre pone en valor los espacios lésbicos recordando la reconstrucción colectiva de La Vulvería tras el ataque sufrido por el centro cultural. El 1 de noviembre homenajea el activismo de Pierina Nochetti y el 26 de marzo incorpora la lucha por la salud de las lesbianas en memoria de Andy Schaffer.

La Agenda Lésbica constituye, además, un aporte teórico y político. Parte de la premisa de que la memoria no consiste únicamente en recordar acontecimientos pasados, sino en disputar cuáles vidas son reconocidas socialmente, qué violencias se vuelven visibles y qué conocimientos producen las comunidades organizadas. En ese sentido, cada fecha funciona como un dispositivo pedagógico que transforma una experiencia colectiva en una herramienta para la ampliación de derechos.

La investigación también propone abrir un debate históricamente silenciado: las violencias entre lesbianas. Lejos de reforzar estigmas, nombrarlas implica reconocer que ninguna relación humana está completamente por fuera de las estructuras de poder de una sociedad patriarcal. Los relatos recogidos durante los encuentros impulsados por Lxs Safinas describen situaciones de aislamiento, control, dependencia emocional, violencia psicológica y simbólica, invitando a construir nuevas herramientas comunitarias de prevención y cuidado.

Al mismo tiempo, estos espacios permitieron reconocer algo igualmente importante: la enorme capacidad del colectivo para generar redes de solidaridad. Frente al odio aparecen el acompañamiento, la organización territorial, los espacios culturales, la producción de conocimiento y la construcción de comunidad. Esa experiencia demuestra que la respuesta a las violencias no puede reducirse al ámbito judicial. También requiere fortalecer los lazos colectivos, producir memoria y generar políticas públicas que reconozcan las especificidades de las vidas lésbicas.

En tiempos donde resurgen discursos que buscan limitar derechos y deslegitimar nuestras existencias, la Agenda Lésbica se convierte en una herramienta estratégica para América Latina. No solo recuerda a quienes resistieron; también ofrece una hoja de ruta para seguir construyendo sociedades más igualitarias. Porque cada derecho conquistado nació de la organización colectiva y cada retroceso nos recuerda que la democracia también se defiende desde la memoria. La memoria, entonces, deja de ser únicamente un homenaje al pasado para convertirse en una práctica política orientada al cuidado de la vida, la ampliación de derechos y la construcción de futuros donde todas las existencias lésbicas puedan desarrollarse en libertad.


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